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Conocimiento vs Sabiduría

Hace más de mil años un poeta sufí decía del sufismo que era un sabor, porque su objeto y su fin podrían definirse como una sabiduría adquirida directamente de verdades trascendentes, más comparables con las experiencias de los sentidos que con el conocimiento que procede de la mente.

“¿Dónde está la sabiduría que perdimos con el conocimiento?”, anotaría para el caso un poeta de Occidente.

A menudo oímos hablar de la meditación, escuchamos hablar de la sabiduría, escuchamos hablar del conocimiento. Pero, en realidad, ¿cuál es el efecto, cuál es el uso de la sabiduría o el conocimiento?

Hay una clara diferencia entre sabiduría y conocimiento.  Experimentamos un momento de profunda comprensión y exclamamos: “¡Ahh! ¡eso es!”, momento sublime que en Coaching le llamamos “insight”.  Más luego pensamos: “Pero, ¿cómo fue que sucedió?” y quizá más tarde trataremos de explicar a otros cómo fue, o más atrevido aún: diseñaremos una ‘receta’ para que otros puedan llegar a dicha comprensión.  La experiencia de comprender es sabiduría, más tratar de entender esa experiencia, racionalizarla y expresarla en palabras, es conocimiento.

Todos tenemos conocimiento. Todos podemos expresar una serie de ideas lejanas. Pero si la sabiduría no precede al saber, el conocimiento es de segunda mano, la comprensión es ajena y por lo tanto carece de profundidad.  Esta es la razón por la cual dos personas pueden usar el mismo lenguaje para expresar una idea, pero la palabra de uno penetrará profundamente en nuestros corazones mientras que la del otro no hará más que rebotar en la mente.

El poder de la experiencia detrás de la palabra, el Ser que respalda el conocimiento, es la sabiduría.

Ahora bien, el fundamento del Coaching está en que cada persona alberga en su interior su propia fuente de sabiduría,  por ello Coaching de Sabiduría aparece en escena para honrar precisamente ese fundamento y aplicarlo.

Un Coach de Sabiduría se distingue porque se desapega totalmente de su rol como Coach reconociendo en su interlocutor (su coachee) a un valioso maestro, ya que al apoyarlo a descubrir su fuente de sabiduría, el mismo Coach conecta con la suya, y se da cuenta entonces de la gran paradoja: que a pesar de tener cada uno una fuente propia de sabiduría, en últimas es la misma para ambos, y para todos, pues todos somos uno.  ¡Y lograr experimentar la Unidad a través del coaching, es sabiduría!

He aquí pues, la invitación a todo aquél que se sienta listo para dejar de caminar con el peso del conocimiento y se atreva a volar con las alas de su propia sabiduría –> http://plap.co/pecs

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El cuento del Halcón que no quería volar

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Un rey recibió como obsequio dos pichones de halcón y los entregó al maestro de cetrería para que los entrenara. Pasados unos meses, el instructor le comunicó que uno de los halcones estaba perfectamente educado, pero que no sabía que le sucedía al otro: no se había movido de la rama desde el día de su llegada al palacio, e incluso había que llevarle la comida hasta allí.

El rey mandó llamar a curanderos y sanadores de todo tipo para
que hicieran volar al halcón que le habían regalado, y que por alguna razón desconocida no quería volar. Después de muchos intentos, nadie lo logró. Publicó finalmente un edicto entre sus súbditos explicando lo que necesitaba.

A la mañana siguiente, vio al halcón sobrevolando ágilmente sobre los jardines.

– Traedme al autor de ese milagro, dijo.

Enseguida le presentaron a un campesino ¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo hiciste? ¿Eres mago, acaso?

El hombrecito sólo explicó:

– No fue difícil, su Alteza: sólo corté la rama. El pájaro se dio cuenta, comprendió que tenía alas y se largó a volar.

 

Autor Anónimo

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Besar el Suelo

 

Cuando caigas besa el suelo antes de levantarte

Muchas veces creemos que para poder apoyar a otras personas como Coach, necesitamos tener resueltos todos nuestros asuntos primero.

Podríamos pensar que un coach, para que sea buen coach, coherente e íntegro, primero que todo debe lograr que su vida sea perfecta: una bonita y amorosa familia, salud rebosante, abundancia material, éxito en los negocios, reconocimiento profesional, viajes por el mundo, etc. etc.

Porque como bien reza un proverbio japonés: “Antes de querer arreglar el mundo, date tres vueltas por tu casa”.

Sin embargo, todos nosotros sin excepción (y me incluyo), en nuestra búsqueda de la excelencia y nuestro desarrollo interno, experimentamos momentos de aparentes fracasos, caídas y retrocesos. Y digo ‘aparentes’ porque al final nos damos cuenta que no hay retrocesos, solo aprendizajes. Más cuando ocurren, la verdad es que nos sentimos mal, frustrados, incoherentes, desmotivados y hasta sin propósito.

Es comprensible que en un entorno social donde el juicio por las apariencias aún predomina, nos sintamos mal al no ser ejemplos de éxito, que nos frustre vernos “en el suelo” a pesar de tener tantas herramientas de superación, y a esto súmele nuestra mente espetando incesantemente dentro de nuestra cabeza: “en casa de herrero…”.

Lo bueno de Ser Coach, es que hemos aprendido a no quedarnos ahí llorando en el suelo sino a levantarnos con nuestra propia fuerza. Para ello hemos aprendido a “besar el suelo”, esto es, agradecerle por habernos acogido, por servirnos de maestro, por recordarnos -por enésima vez- el gran valor de la Humildad.

Y no se trata simplemente de decir ‘Gracias’, se trata de sentir una profunda y sincera Gratitud. El suelo no se besa con los labios sino con el corazón.

Cuando logramos ‘besar el suelo’ se produce el giro mágico: sentimos que estar ahí deja de ser una situación de fracaso, por el contrario vemos ahora una gran oportunidad para hacer brillar nuestros talentos y dones. Despierta en nosotros la fuerza y el entusiasmo que nos hace levantar, nos sacude el polvo y nos reconecta a ese propósito de ascender, de brillar, de ser una estrella luminosa que desde el firmamento sea capaz de inspirar épicas conquistas así como bellos poemas de amor.

El hecho, para concluir, es que para apoyar efectivamente a otros no se necesita haber llegado a la cima, ni mucho menos tener una vida perfecta. Se necesita solamente que en tu corazón exista Humildad.

Esa humildad que te deja saber que no requieres estar sino uno o dos pasos adelante de quien precisa tu apoyo, y que a la vez te deja ver que hay otras personas que están uno o dos pasos adelante de ti, dispuestos a apoyarte.

Esa humildad que te permite saber que las personas no llegan a ti buscándote, sino que tú te las encuentras en tu propio camino de ascenso.

Esa humildad que te permite saber soltarlas cuando tu apoyo ya no es necesario.

Esa humildad que te permite saber que a tu jornada de ascenso le seguirá una de descenso.

Esa humildad que te permite sentir y asentir que en ese “ascenso y descenso” estás experimentando la rítmica dinámica de la vida misma.

Esa humildad que te permite descubrir como todo se interconecta con todo, que todos somos uno, y por tanto, al apoyar a otros realmente te estás apoyando a ti mismo.

Así pues querido Coach que pensabas lograr una vida perfecta para entonces apoyar a otros, te hago la siguiente pregunta:

Si tuvieras una vida perfecta…

¿En qué carajo necesitarías apoyarte?

 

Lucio Pérez

http://plap.co/pecs

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Desapego Radical al Resultado

¿Quién desea cambiar el mundo?

¿Quién desea un mundo transformado?

¿Quién desea un mundo en paz?

Tal vez eres tú uno de aquellos que levantará su mano diciendo: ¡YO!

Ok, está bien eso y si sale con sincero entusiasmo, mejor.  Sin embargo, y sin ánimo a desanimarte, te quiero decir que realmente no eres tú el que busca estos nobles propósitos. Es Tu Mente.

¿como así?

Nuestra mente es la que busca siempre un objetivo, un logro, un propósito y generalmente lo ubica en un tiempo futuro: mañana, en un mes, en un año, en -no sé cuánto tiempo-, etc.  Sin importar el ‘tamaño’ del objetivo, desde: “quiero un iPad” hasta: “Quiero un mundo transformado”, siempre es nuestra mente la que interviene.

Luego, motivados por la ilusión de alcanzar tales objetivos, nos ponemos a correr hacia ellos, esforzarnos, luchar, perseguirlos y diseñar estrategias con el fin de alcanzarlos, conquistarlos, llegar a la cima y lograr los resultados.

Cuando ello ocurre llega la satisfacción del objetivo realizado, la alegría de la meta cumplida, la euforia del triunfo y del éxito.

Y así se mueve la vida, es lo que hemos aprendido y lo que enseñamos a nuestros hijos.

Ahora bien:

¿Cuánto nos dura la alegría luego de alcanzar un objetivo?

¿Qué pasa cuando los resultados no se dan? ¿Qué sentimos?

¿Qué nos lleva a compartir nuestros logros con orgullo y a ocultar/disimular nuestros fracasos?

¿Qué opinamos de las personas que no tienen ‘metas en la vida’?

En definitiva:

¿Qué tan real es la satisfacción por el logro alcanzado?

 

Reflexionando sobre estos temas y con base en lo experimentado en mi propia vida, yo he llegado a la siguiente conclusión:

 

La profundidad de la vida sólo puede ser percibida -ahora-.

Y esa percepción no se acumula, se debe descubrir instante tras instante, por ello es ilusorio pensar que “la iluminación” es llegar a un estado (como si de lograr un título se tratase).

La verdadera realidad emerge cuando nuestra mente respetuosamente se hace a un lado y permite que nuestra consciencia entre en contacto con lo atemporal, con la eternidad, con la magia que impregna nuestro Ser a través de todos nuestros sentidos -ahora- y nos permite ver La Verdad en todo.

Mientras nuestro “Ser” busque “Llegar a Ser”, estaremos dentro del universo mental, el cual se mueve en una ilusoria continuidad de instantes que hemos denominado: TIEMPO.

Concluyo diciendo que:

La verdadera satisfacción no depende de ningún objetivo, meta o sueño, sólo se produce al sumergirnos completamente en este instante. Para todo lo demás existe “La Ley de Atracción”.

Hamster Wheel

       ¿Cuál es la “rueda de hámster” de tu vida?     ¿Qué tan preparado estás para salir?

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Estar en Sano Juicio

Corazon-flechas

En coaching se enfatiza mucho en lograr generar un espacio libre de juicios para poder establecer una adecuada relación coach-cliente, esto en virtud de que un juicio viene a ser una especie de “flecha energética” que hiere a nuestro cliente (y en general a cualquier persona) haciéndole levantar defensas automáticamente.

En un nivel más profundo de comprensión, donde sabemos que los otros son solo espejos nuestros, podemos inferir que los juicios que lanzamos a los demás, son finalmente juicios hacia nosotros mismos. Así mismo, cuando otros son los que nos juzgan, se trata sólo de nuestra propia sombra (en coaching le llamamos Gremlin) manifestándose a través de ellos para ser atendida, escuchada, perdonada y finalmente integrada.

Así entonces, cuando caigamos en un juicio lo más inadecuado sería juzgarnos por juzgar, pues de este modo estaríamos cayendo en un círculo vicioso de energía descendente que nos hará sentir cada vez más culpables por haber(nos) juzgado.

¿Cómo proceder entonces?

El artículo del autor Jeff Foster que copio a continuación nos brinda una bonita y efectiva manera de agraciarnos con nuestros juicios, de lograr un estado al que yo llamo: Estar en Sano Juicio

Tengo juicios, pero no condeno. No juzgo a los juicios como ‘verdaderos’ o ‘correctos’, eso es todo. Se trata de sólo pensamientos que inocentemente pasan a través de la presencia consciente. Son sólo opiniones, perspectivas, formas de ver que cambian con absoluta facilidad. No son ni malos ni nocivos en sí mismos. No se trata de ‘hechos’ indiscutibles.

Cuando creemos que nuestros juicios son ‘realidad’, cuando confundimos nuestros juicios con la imagen completa, dejamos de escuchar, dejamos de ser curiosos, dejamos de prestar atención a lo que está VIVO en este momento. Reducimos algo vivo y eternamente cambiante a una ‘cosa’, a un simple objeto. Nos hacemos duros e inflexibles, e incluso arrogantes. Creemos ‘saber’. Esto es el inicio de la violencia.

El truco no es deshacernos de los juicios, o juzgar todos los juicios como ‘malos’ o ‘no espirituales’, o fingir que no tenemos ningún juicio, sino ver a los juicios COMO juicios, llamarlos por lo que son. Entonces, ya no eres el juez, ya no condenas por naturaleza, sino que te vuelves el testigo compasivo de los juicios conforme surgen, perviven y pasan. No tienes una naturaleza fija. Estás vivo.

Te das cuenta que no ‘tienes’ juicios; que no causas su aparición. Simplemente permites que todo juicio vaya y venga espontáneamente en tu amorosa y receptiva consciencia, y no te aferras a ellos ni los rechazas… ni los confundes con la realidad.

Y no olvides esto: juzgar a los juicios como ‘malos’ o como algo ‘equivocado’ ¡es el mayor juicio de todos!

– Jeff Foster