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Besar el Suelo

 

Cuando caigas besa el suelo antes de levantarte

Muchas veces creemos que para poder apoyar a otras personas como Coach, necesitamos tener resueltos todos nuestros asuntos primero.

Podríamos pensar que un coach, para que sea buen coach, coherente e íntegro, primero que todo debe lograr que su vida sea perfecta: una bonita y amorosa familia, salud rebosante, abundancia material, éxito en los negocios, reconocimiento profesional, viajes por el mundo, etc. etc.

Porque como bien reza un proverbio japonés: “Antes de querer arreglar el mundo, date tres vueltas por tu casa”.

Sin embargo, todos nosotros sin excepción (y me incluyo), en nuestra búsqueda de la excelencia y nuestro desarrollo interno, experimentamos momentos de aparentes fracasos, caídas y retrocesos. Y digo ‘aparentes’ porque al final nos damos cuenta que no hay retrocesos, solo aprendizajes. Más cuando ocurren, la verdad es que nos sentimos mal, frustrados, incoherentes, desmotivados y hasta sin propósito.

Es comprensible que en un entorno social donde el juicio por las apariencias aún predomina, nos sintamos mal al no ser ejemplos de éxito, que nos frustre vernos “en el suelo” a pesar de tener tantas herramientas de superación, y a esto súmele nuestra mente espetando incesantemente dentro de nuestra cabeza: “en casa de herrero…”.

Lo bueno de Ser Coach, es que hemos aprendido a no quedarnos ahí llorando en el suelo sino a levantarnos con nuestra propia fuerza. Para ello hemos aprendido a “besar el suelo”, esto es, agradecerle por habernos acogido, por servirnos de maestro, por recordarnos -por enésima vez- el gran valor de la Humildad.

Y no se trata simplemente de decir ‘Gracias’, se trata de sentir una profunda y sincera Gratitud. El suelo no se besa con los labios sino con el corazón.

Cuando logramos ‘besar el suelo’ se produce el giro mágico: sentimos que estar ahí deja de ser una situación de fracaso, por el contrario vemos ahora una gran oportunidad para hacer brillar nuestros talentos y dones. Despierta en nosotros la fuerza y el entusiasmo que nos hace levantar, nos sacude el polvo y nos reconecta a ese propósito de ascender, de brillar, de ser una estrella luminosa que desde el firmamento sea capaz de inspirar épicas conquistas así como bellos poemas de amor.

El hecho, para concluir, es que para apoyar efectivamente a otros no se necesita haber llegado a la cima, ni mucho menos tener una vida perfecta. Se necesita solamente que en tu corazón exista Humildad.

Esa humildad que te deja saber que no requieres estar sino uno o dos pasos adelante de quien precisa tu apoyo, y que a la vez te deja ver que hay otras personas que están uno o dos pasos adelante de ti, dispuestos a apoyarte.

Esa humildad que te permite saber que las personas no llegan a ti buscándote, sino que tú te las encuentras en tu propio camino de ascenso.

Esa humildad que te permite saber soltarlas cuando tu apoyo ya no es necesario.

Esa humildad que te permite saber que a tu jornada de ascenso le seguirá una de descenso.

Esa humildad que te permite sentir y asentir que en ese “ascenso y descenso” estás experimentando la rítmica dinámica de la vida misma.

Esa humildad que te permite descubrir como todo se interconecta con todo, que todos somos uno, y por tanto, al apoyar a otros realmente te estás apoyando a ti mismo.

Así pues querido Coach que pensabas lograr una vida perfecta para entonces apoyar a otros, te hago la siguiente pregunta:

Si tuvieras una vida perfecta…

¿En qué carajo necesitarías apoyarte?

 

Lucio Pérez

http://plap.co/pecs

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